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DESCRIPCIÓN:
La fortaleza bajo-medieval de Caravaca se organizaba en dos amplias áreas de refugio y habitación: el albacar y el castillo, cada uno con un complejo estructural defensivo y de hábitat propio.

El primero de ellos, estaba protegido en torno por barreras de piedra, una cava ataludada y un muro torreado que delimitaba un gran recinto en el que se disponían estancias residenciales, de servicio, domésticas y religiosas, lo que hacía posible en su interior un régimen de vida totalmente autónomo con respecto a la villa; en el segundo, el castillo propiamente dicho, alzado en la periferia del albacar, el esquema volvía a repetirse, y un foso, una barrera y un muro torreados, envolvían el solar que constituía la residencia del alcaide de la fortaleza y los espacios religiosos destinados al culto de la Vera Cruz, ya entonces objeto de enorme veneración.